El liderazgo femenino da lección de disciplina al mundo

 

“Mediante el trabajo la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre, es lo único que puede garantizarle una libertad completa”.

 Simone de Beauvoir.

 

Por: Irene María De Sousa-columnista invitada

El coronavirus llegó a nuestras vidas para enfrentarnos a una nueva realidad, cada día los liderazgos tradicionales y rígidos se enfrentan a la inexorable obligación de modernizarse y flexibilizar sus posturas. El desafío es proporcional al momento histórico, sin duda alguna, y especialmente lo es para quienes dirigen los países del mundo, puesto que se juegan la estabilidad de sus naciones y su propia popularidad con cada decisión que toman en relación al manejo de la pandemia.

Aunque a muchos en pleno siglo XXI les cueste reconocerlo, el manejo de la crisis ha sido comprobadamente más efectivo en los países gobernados por mujeres que en la gran mayoría dirigidos por hombres. Hoy en día menos del 10% de todas las naciones del mundo están dirigidas por mujeres, tan sólo 20 de 193 países miembros de la ONU. “El sexo débil” lo llamarían otrora, pero ante la coyuntura se muestra como el más fuerte y es prudente analizar el porqué.

Las pocas naciones representadas por mujeres tienen un factor común que ha determinado su éxito: la disciplina. De ninguna manera se afirma que los hombres no sean disciplinados o que no hayan casos de muy buen manejo de la crisis, entre ellos algunos dignos de destacar como Nayib Bukele en El Salvador o Marcelo Rebelo de Sousa en Portugal, los cuales con sus políticas de protección social han demostrado que el sexo masculino también es capaz de ejercer un liderazgo consciente.

Aun así, salvo los dos casos mencionados, líderes como Angela Merkel (Alemania), Sanna Marin (Finlandia), Tsai Ing-wen (Taiwán) y Jacinda Ardern (Nueva Zelanda), sólo por nombrar a algunas, demuestran cada día estar más cerca de la reactivación de sus diversos países y en el caso de la última ya ha podido gritarlo a los cuatro vientos, luego de constatar que en Nueva Zelanda desde hace 17 días no hay contagios, meta que aún los mandatarios no han podido alcanzar.

Jacinda Ardern pudo brincar de emoción al saber que ya había superado la etapa más dura de la crisis y declaró a voz en cuello que su país está libre de Covid-19. El mundo entero ha festejado con ella, porque si esa nación lo logró, ¿por qué el resto no podría? Para seguirle los pasos a la primera ministra de Nueva Zelanda es necesario entender que por más impopular que sonara en un inicio, tomar medidas estrictas fue la garantía de su triunfo. Pero también es importante entender que el hecho de que aunque puso en marcha el bloqueo más estricto del mundo, no dejó de lado su empatía ni humanidad hacia la población. La primera ministra se mantuvo en contacto con sus ciudadanos a través de las redes sociales y utilizó un lenguaje franco y asertivo que permitió que los neozelandeses se sintieran realmente acompañados en el abrupto proceso.

El mismo estilo con mucho pragmatismo se puede observar en la política desarrollada por Ángela Merkel, la celeridad de su respuesta ante la pandemia y la cantidad de pruebas realizadas (a la que inclusive ella misma se sometió), han permitido que Alemania mantenga cierta estabilidad y confianza en su líder. Por su parte, la primera ministra más joven del mundo, Sanna Marin, como buena millennial también respondió de forma inteligente tratando de concienciar al pueblo finlandés, al trabajar con los influencers más reconocidos, quienes pusieron en marcha campañas de prevención que lograron calar oportunamente en la población. De esta forma, Marin, quien apenas tiene escasos meses en el poder, se ha mantenido con su popularidad intacta y sumamente cercana a la gente, lo cual ha sido evaluado positivamente en todo el mundo.

Y también con empatía, pero con mano firme, la mandataria de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha logrado mantener a sus ciudadanos estables, con más de 124 iniciativas para frenar la propagación del virus y proteger a sus habitantes, al mismo tiempo ha enfrentado a la Organización Mundial de la Salud por su muy criticada inacción cuando inició la pandemia en China, queja a la que se han sumado muchos otros países y ciudadanos de todo el mundo que se han sentido desprotegidos por el ente.

La prueba de fuego que recibieron las mandatarias y que parecen haber superado exitosamente, da cuenta de la capacidad de la mujer como gobernante, la cual puede resultar gracias a su naturaleza protectora, enérgica y cercana al mismo tiempo. Sin duda alguna es un avance muy significativo que puede abrirle las puertas a muchas líderes más en todo el mundo, puesto que de ahora en adelante los hombres y también las mujeres pensarán dos veces antes de juzgar las aspiraciones del sexo femenino frente al poder.

  Irene María De Sousa es periodista, escritora y defensora de DDHH. Tiene amplia experiencia en redacción, locución, producción de radio y televisión.     También ha dictado charlas sobre entrenamiento de medios (media training). Ha publicado dos libros en Amazon, el primero llamado “Tierra o Fuego”, es     un trabajo periodístico de investigación. El segundo es una novela basada en hechos reales titulada: “350: Resistencia en Venezuela”.

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