La esclavitud del teletrabajo y el derecho a desconectarse  

 

El trabajo desde el hogar es algo que va a perdurar, por lo cual los empleados necesitarán una mayor protección y mejor conocimiento de derechos y riesgos asociados a esta nueva forma de vida.

 

La pandemia que unió al mundo en un temor generalizado a morirse de un momento a otro, trajo además sus ventajas aparentes entre las cuales se cuentan el trabajo en casa.

Pero esta comodidad se ha convertido poco a poco en un problema complejo, que afecta tanto la vida privada como la profesional.

Muchos se quejan del excesivo trabajo y otros de la invasión que ha traído su carga laboral a sus vidas privadas. Las esposas por ejemplo (y  los esposos también),  se quejan de que “no soportan” a sus conyugues 24 horas permanentes en el hogar y no ven la hora de que salgan a cualquier diligencia para respirar libertad.

Por ello los teletrabajadores, tanto hombres como mujeres de cualquier edad, corren un gran peligro de que se borre la frontera entre trabajo y vida privada y ahora se hace urgente introducir en el mundo laboral el concepto del derecho a desconectarse que garantice el respeto entre lo uno y lo otro.

La advertencia la hizo la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que también recomendó que es muy importante «introducir un ‘derecho a desconectarse’”.

Y la pregunta obligada sería ¿dónde finaliza el trabajo y comienza la vida privada? La pandemia del coronavirus y sus legiones de trabajadores a domicilio han diluido todavía más la línea que los divide y esto merece más atención, advirtió este miércoles la OIT, una agencia de la ONU.

El trabajo desde el hogar es algo que va a perdurar, por lo cual los empleados necesitarán una mayor protección y mejor conocimiento de derechos y riesgos asociados a esta nueva forma de vida, subraya en un informe la OIT.

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