La industria webcam y sus encantos: ¿prostitución virtual?

Algunos llegan a calificar la actividad Web Cam como prostitución virtual, otros como una costosa diversión, otros como actividad para voyeristas enfermos y cada cual califica esta tendencia de acuerdo a su moral, su cultura, ideología religiosa o nivel de educación, pero para todos, sin excepción, el sexo es la actividad que más atención recibe del género humano.

Aunque con el paso del tiempo, el consumo es más notorio y algunos tabús han sido eliminados, hay casos en los que solo basta con pronunciar alto la palabra sexo, y todos a su alrededor van a dirigir su mirada curiosa. Intente hacer la prueba y se sorprenderá.

Y quizá la historia del mundo podría muy bien escribirse en torno al sexo y definiría muy bien porque han sucumbido imperios, se han creado inmensos monumentos, se han desatado guerras y se ha registrado las mayores infamias de las que todavía no se conocen sino la mínima parte.

Recordemos que el botín de guerra más apetecido por los ganadores en una guerra, o invasores de un territorio, han sido las joyas y las mujeres, sin importar su edad o condición. La palabra sexo casi siempre iba asociada a la palabra esclavitud hasta que la modernidad le fue atribuyendo nuevas libertades.

En esta línea de la modernidad y el auge creciente de las actividades virtuales, tenía que entrar el sexo, -ni más faltaba- y por cualquier travesura de una pareja, las relaciones a distancia, el límite de tiempo y un sinfín de ataduras, hicieron del sexo virtual, un intercambio de nuevas experiencias que fueron subiendo como espuma.
A tal punto, de convertirse hoy por hoy en una verdadera industria. De tal magnitud que ya los gobiernos le pusieron el ojo para cobrar impuestos.

En Medellín, ciudad mojigata y camandulera por naturaleza, la naciente industria WEB CAM no podría quedarse atrás. Eso sí, revestida de la hipocresía y disimulo posible porque aquí todo es pecado y si la iglesia no lo aprueba condena segura.

Pero con seguridad la tecnología todo lo ha cambiado -hasta la moral- y los periodistas que curiosos sí somos, o de lo contrario no podríamos ostentar tan honroso título u oficio, nos hemos metido a bares swinger, a prostíbulos, y antros peores como el congreso de la república, o los concejos municipales, a guerras propias y ajenas, al monte con las convivir o la guerrilla, todo con tal de contar la esquiva verdad y los hechos ocultos que son los que revelan la cruda realidad.

¿Hemos sobrevivido? Sí, afortunadamente muy a pesar de Pablo Escobar o Álvaro Uribe, a quienes nunca les gustó la verdad y por supuesto, mucho menos los periodistas sin precio.

Porque, a decir verdad, el periodismo no es para cobardes y quien deja comprar su pluma, merecería llegar a los profundos infiernos. Pero la pluma se ha estado desviando del tema y como ya me hice extenso, dejaré para una próxima entrega, la realidad de la industria WEB CAM en Medellín.

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