Las arenas viajeras del Sahara y su silencioso mensaje

 

Como ocurre cada año, a mediados de junio comienza a tener lugar un fenómeno que suele recorrer medio planeta. Se trata de la nube del Sáhara, un alud de polvo que se genera en el desierto del norte de África y que, gracias a determinados vientos y fuerzas naturaleza, consigue desplazarse miles de kilómetros a largo del planeta. Sin embargo, la ola de polvo sahariano de este año es diferente: según los expertos, se trata de la más densa de los últimos 50 años. Dejo a nuestros lectores la interpretación que le da a este fenómeno, Hernando Maestre.

 

Así funciona la Tierra

Así funciona la Tierra por este lado: el polvo del Sahara trae nutrientes a la Amazonia y a los bosques tropicales de Centroamérica y el Caribe. Los árboles y plantas crecen, regulados y fecundados por los animales. Producen agua y forman el río más grande del mundo y no me refiero al Amazonas de agua líquida, sino al río aéreo que irriga la región y cientos de ciudades, incluyendo Bogotá; es el sustento que nos mantiene vivos.

El agua ablanda las montañas en los Andes y los minerales desprendidos alimentan las diatomeas del mar que producen casi todo el oxígeno que respiramos. Cuando mueren, sus caparazones de sílice se acumulan en el fondo y con los milenios crean nuevos Saharas que alimentan nuevos bosques tropicales para alimentar el agua y el oxígeno.

Si destruimos el bosque como aquí sucede, habrá más polvo del Sahara, es la homeóstasis. Si exageramos en el abuso, los equilibrios buscarán reestablecerse, aunque eso nos lleve por delante. Si un organismo se sale del redil, los ciclos de equilibrio lo ecualizan, incluyéndonos.

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